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Y llegó el invierno...

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Consigo, a malas penas, salir de debajo de las cuatro mantas que han guardado con mimo el calor de mi cuerpo durante la noche. El aire de la habitación está helado. Las zapatillas parecen témpanos de hielo. Agarro el albornoz y con mucha pereza, salgo a la calle para ir a la ducha. Una vez debajo del agua calentita, el frío que tenía metido hasta los huesos se va mitigando. De vuelta a la habitación, parece que saliera de un balneario en pleno invierno, pero que agustito...

El día despuntó algo encapotado. La sensación térmica está distorsionada, se siente más frío del que realmente hace. En el comedor, la televisión narra el atentado de ayer perpretado por ETA en la Universidad de Navarra y por un momento, tengo la sensación de que el mundo padece de esquizofrenia en cada uno de sus rincones. Afganistán está de moda ahora y sale a diario en las noticias, pero hay tantos lugares donde el ser humano confirma su condición de lobo para sí mismo que me quedo con una sensación melancólica del planeta donde vivimos. A pesar de todo, el día a día aquí, me impide perder el optimismo por la gente. Si os acordáis, hace un Desde el fondo del pozopar de semanas empezamos a construir los reservorios de agua en la zona de Abkamari; pues bien, el domingo pasado conseguí que nos dieran una escolta para ir a ver cómo iban los trabajos. De los 40 reservorios previstos, habíamos empezamos con 5 de ellos a modo de prueba, para ver en qué cosas podíamos mejorar el diseño y la gestión de los trabajadores. Cuando llegué al primero de los cinco, me quedé asombrado de la velocidad a la que iba el equipo de afganos. En cuestión de una semana, habían excavado más de cinco metros de agujero en vertical y más de 5 metros en horizontal. Me comentaba la gente, que estaban trabajando hasta de noche. Colgado de una garrucha, me bajaron al interior de uno de los \"pozos\"- reconozco que no las tenía todas conmigo pero fue divertido -, y pude ver la dureza del trabajo que estaban realizando. Casi sin luz, a muchos metros bajo tierra, un grupo de hombres picaba sin descanso, dando forma al interior de la tierra. Al ritmo de trabajo que llevan, en cuestión de unos 10 días terminan la excavación para empezar con los trabajos de mampostería. Es evidente que el invierno se acerca y que en unas pocas semanas hará tanto frío que será prácticamente imposible trabajar. Por eso, tomé la decisión de comenzar ya con los 35 reservorios restantes, de cara a que puedan estar operativos antes de las primeras nieves. Me dio mucha alegría ver que la gente está con ganas, que ponen ilusión en algo común. Aquí eso no es tarea fácil. Las diferencias tribales y de clanes, permanecen muy arraigadas en la cultura afgana desde la época de los mongoles y tienden a ser muy territoriales y egoístas con las comunidades que no pertenecen a su mismo clan. Cambiar ese tipo de cosas es muy complejo, pero otro lado, es la única forma de conseguir que el sistema ecológico en el que viven pueda soportar la carga humana y ganadera existente. Si no trabajan conjuntamente para ordenar el pastoreo, para reforestar, para asociarse, para construir presas que favorezcan al colectivo y no a la individualidad, poco van a conseguir. Para la primavera estamos preparando un proyecto de movilización de comunidades que no se a donde nos llevará porque el reto es importante. La inseguridad de la zona, la falta de personal cualificado afgano que pueda moverse con libertad, nuestra limitación de movimientos,... todo hace que las ideas que se gestan en la oficina tengan luego una muy difícil salida al exterior. Pero bueno, hay que intentarlo. Las infraestructuras están bien, es algo que están construyendo ellos y que perdurarán un tiempo limitado si las conservan adecuadamente, pero lo que seguro hará avanzar a este país, es la capacitación, la enseñanza. El problema son los plazos, los tiempos, como siempre. Los proyectos a largo plazo no dan resultados inmediatos y no venden, pero no hay otra alternativa si se quieren hacer bien las cosas. De momento parece que hay voluntad de apoyar la iniciativa. Al parecer España va a permanecer en Afganistán durante unos cuantos años más, así que estamos en el momento de apostar por algo viable y duradero en el tiempo.

Y bueno, por el momento esto va siendo el día a día en Qala-i-Now. La verdad es que ya hay ganas de volver. Los paracas empiezan el relevo con los de montaña en unos días y la sensación es de que nos vamos todos a casa, pero no, para los paixas aun quedan unas semanitas de frío y trabajo. A mi me toca regresar a mitad de Diciembre, espero que la nieve me respete y me deje salir sin problemas de aquí para entonces... que yo el turrón no me lo quiero perder, ¡je! A ver si esta Navidad nos vemos, que ya van siendo meses en la distancia y se os extraña muchos a todos.

He subido algunas fotos a picasa: http://picasaweb.google.es/fsaneus

Lo dicho, besos para todos,

Fer.

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